lunes, marzo 01, 2010

Triatletas por una apuesta




Hacía cerca de treinta años que no se cruzaba una apuesta de semejantes características en el deporte rural, por lo que el duelo había despertado su morbo. Si a esto se le añade que uno de los contendientes es más alpinista que especialista en las disciplinas a las que se tenía que enfrentar, el desafío ganaba en intensidad y curiosidad. El vizcaíno Alex Txikon y el guipuzcoano Joseba Otaegi se vieron las caras el pasado mes de noviembre para cerrar el trabajo a realizar. 25 alzadas a la cilíndrica antigua de ocho arrobas -100 kilos-, cortar 14 troncos 'kana erdi' -1,25 metros de circunferencia- de madera de haya y correr siete kilómetros. Tres especialidades tan duras como diferentes. Triatletas por la fuerza. El dinero en juego, 7.000 euros por cada parte, y lo que se recaudara por las entradas, una vez abonados todos los gastos, a medias.
Ayer, después de tres meses de intensa preparación llegó la hora de conocer al vencedor. Y fue Joseba Otaegi. Sin discusión. El de Zizurkil invirtió 1 hora 22 minutos y 2 segundos en cumplimentar su labor. El de Lemoa necesitó cerca de cuatro minutos más. Los pronósticos se cumplieron, pero antes del inicio nadie las tenía todas consigo. Hacía mucho tiempo que no se presenciaba algo parecido y cada uno de los dos contendientes tenía un punto fuerte.
Si se tenían en cuenta los antecedentes en cuanto a apuestas, eran claros a favor del guipuzcoano. Aizkolari en plena progresión -campeón de tercera categoría en 2007, de segunda en 2008 y quinto clasificado el año pasado en la máxima categoría-, afrontaba su tercer desafío. En las dos restantes había salido victorioso pero en ambos casos sólo eran de cortar troncos. Para Txikon era la segunda. El año pasado perdió contra José Félix Zubizarreta sobre 16 'kana erdi'. En esta ocasión, sin embargo, se introducían dos nuevos elementos, la piedra y la resistencia en carrera. Alicientes a la vez que incógnitas. Y la cosa cambiaba.
Tal vez por eso las gradas del coso taurino azpeitiarra reunieron a cerca de 1.500 personas. La entrada costó 30 euros. Entre los asistentes, además de conocidos aizkolaris como los Arria -padre e hijo- y los levantadores de piedra navarros Iñaki e Inaxio Perurena, también estuvieron Virginia Berasategui y Edurne Pasaban y Asier Izagirre, dos de los miembros de la expedición con los que Txikon emprenderá desde mañana otro desafío en China y Nepal. Ascender el Shisha Pangma y el Annapurna, los dos últimos 'ochomiles' que le restan a la tolosarra.
La apuesta comenzó como mandan los cánones. Con el pesaje de las piedras a levantar y de los propios contendientes. Otaegi dio en la báscula 95 kilos, Txikon, 76.
En la madera
Las moles abrieron el desafío. El guipuzcoano optó por series de cinco levantamientos antes de hacer los descansos, el vizcaíno intercaló seis alzadas con alguna más corta. El de Zizurkil acabó primero (3.13), el de Lemoa tan sólo doce segundos después. Las espadas estaban en alto. La ventaja era insignificante.
Luego llegó la hora de la verdad. El trabajo sobre los troncos. Ahí es donde podía resolverse el desafío. Txikon calculaba que si perdía menos de siete minutos en esta prueba luego le podía recuperar la diferencia corriendo. Y en el primer corte llegó la sorpresa. El alpinista terminó antes que su adversario. Pero fue más una estratagema del aizkolari que otra cosa. Una forma de marcar territorio. Porque a partir del segundo comenzó a mostrar sus cualidades con el hacha. Con un golpe seco y rotundo comenzó a hacer saltar las astillas. Abrió hueco. Estaba en su disciplina y tenía que darlo todo.
Los segundos comenzaron a caer a su favor. Treinta en el segundo corte, un minuto veinte en el cuarto... Mientras Txikon, asesorado por Julen Mendieta y Xabi Valenciano 'Zelailuze', trató de marcar un ritmo y mantenerlo. Pero no fue suficiente. A mitad de trabajo la ventaja superó los cuatro minutos a favor de un Otaegi, que no decaía. Más de seis minutos en el noveno tronco. Las cosas se complicaban para el alpinista.
El esfuerzo comenzaba a pasar factura. Una parte del público no paraba de animar. Sobre todo al vizcaíno. Lo estaba pasando mal. Veía cómo su rival se marchaba. A falta de cuatro cortes para que el aizkolari terminara, su ventaja se acercaba a los ocho minutos. Al final fueron más de once. Nada más terminar, se bajó de la madera y comenzó a dar vueltas al ruedo en sentido contrario a las agujas del reloj. Tenía 70 por delante. Su ritmo era bastante lento y la incógnita por despejar era si lo mantendría o sería capaz de aumentarlo cuando su rival entrara en escena y se lo exigiera.
Mientras, Txikon seguía su pelea particular con la madera. Sabía que cada vez lo tenía más difícil, pero su esperanza estaba puesta en la carrera, su punto fuerte. Aunque las cosas comenzaban a aclararse, todavía nadie se fiaba.
Tras cuarenta minutos de trabajo, terminó. Para entonces el aizkolari ya había dado una decena de giros al ruedo. Ahí comenzó el intento de desgaste psicológico del lemoarra sobre su oponente. Porque le bastaron pocos metros para adelantarle por primera vez. Su ritmo era de 4.30 minutos por kilómetro, el del zirzurkildarra rondaba los seis minutos. Y cada vez que Txikon le superaba aumentaba la zancada en señal de que estaba fuerte. Pero el alpinista sabía en su fuero interno que esta vez la cima no era posible. Otaegi sacó partido a la distancia alcanzada con la madera. Al vizcaíno le faltó un kilómetro para alcanzarle. Diez vueltas. Esa fue la ventaja final. Las que le quedaban por dar cuando el guipuzcoano oyó el silbato de los jueces que indicaba que era el ganador. El vizcaíno terminó cuatro minutos más tarde y lo primero que hizo fue felicitar a su oponente. Nada que objetar.

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