lunes, abril 28, 2008

En el Grand National

Perdón a nuestros lectores por el error de omisión que cometimos al no narrar el viaje que a Liverpool en abril hicimos parte de la plantilla de Arondo ya que no creíamos que tuviera mayor interés, pero visto que nos equivocamos de medio a medio y que frecuentemente (y a pesar del tiempo transcurrido ya) somos interpelados sobre dicha cuestión, haremos un breve relato de nuestra última aventura inglesa. En primer lugar, decir que Inglaterra es un país puntero , muy puntero en el mundo: no sé que tienen, pero hay algo en su atmósfera, en su ambiente que hace que sean una potencia mundial, quizá en declive, pero potencia mundial al fin y al cabo. Desde aquí mi admiración hacia ellos. Y dicho esto, pasamos a relatar parte de dicho fantástico viaje.

Arribamos a Liverpool alrededor de las 11 h.;realizamos por carretera un recorrido perfecto gracias a que el coche estaba dotado con sistema GPS; llegados a este punto hemos de citar las bondades de los coches dotados con GPS: éste te lleva a dónde le indicas y, además, si te equivocas, nunca se enfada: en menos que canta un gallo te indica otra ruta (también ayudó que la señalización era perfecta, desde 50 km antes de Liverpool había señales que te indicaban cómo llegar a la carrera de caballos a la que teníamos intención de acudir: vamos, que es una maravilla, la pareja perfecta, siempre está dispuesta y nunca se enfada. Pero volvamos a Inglaterra: en muchas ciudades inglesas tienen unas infraestructuras denominadas “park and ride”, que consiste en tener unos aparcamientos disuasorios en la periferia de las ciudades y desde aquí te puedes trasladar al centro de las ciudades a través de autobuses lanzadera prácticamente sin solución de continuidad y con un horario muy amplio, de este modo se logra descongestionar algo el centro de las grandes ciudades. Pues bien, esto mismo lo aplicaron los ingleses al “Grand National”, la carrera de caballos anteriormente citada, el “steeplechase” ó “carrera de obstáculos” de caballos más famosa del mundo y dotada con 420000 libras al ganador, o sea unos 600000 €, (casi nada, casi me mareo sólo de pensarlo, y luego nosotros nos damos con un canto en los dientes si ganamos un premio de 1800 € en las idi probak).

De esta forma llegamos al hipódromo (lo siento por esta perorata acerca del “park&ride” pero es que me despisto con suma facilidad, había olvidado que estaba contando que habíamos llegado a Liverpool sobre las 11 h). Pues bien, tras llegar al hipódromo con unas medidas de seguridad que imponían ( a mí me dio la impresión de que toda la policía de Inglaterra estaba en el hipódromo, aunque quizá esté exagerando) y pasar por tropecientos detectores de metales y varios cacheos (aquí he de decir que mientras a uno de los miembros del talde Arondo le miraron hasta las muelas del juicio, el otro pasó al recinto cerrado sin un solo cacheo: dejo a vuestro criterio adivinar quién de los dos miembros del talde fue el que pasó sin que casi le tocaran y quién estuvo 10 minutos pasando controles, pero creo que es fácil de deducir).

La verdad es que en este momento de la narración ya he perdido el hilo de la misma, pero bueno, continuaré en que ya estábamos dentro del hipódromo: como ya creo que he dicho un par de veces antes eran sobre las 11 h. y el termómetro marcaba 3º C (este dato es importante para la mejor comprensión posterior de las cosas que allí vivimos) y eso que hacía sol. Como la primera carrera era a las 12:40 h. decidimos conocer uno de los santuarios mundiales del turf, el hipódromo de Aintree, a 5 km. del centro de Liverpool, las tribunas fantásticas con una amplia visión del recinto, los boxes de los caballos como los chorros del oro y las cuadras igual, en perfecto estado de revista.

Ahora vamos a dar cuenta de cómo una ciudad se vuelca en un acontecimiento señero para dicha población: Liverpool es una ciudad similar a Bilbao (unos 400.000 habitantes.) e incluso me recordó al Bilbao de principios de los años 90, con toda la reconversión en su esplendor su proyecto estrella de reconversión, el Albert Dock,(unas antiguas instalaciones portuarias reconvertidas en zona de ocio y espectáculos) que se inauguró en 1996, todavía está por terminar y la ciudad está patas arriba (el área de Anfield Road está destartalada)… seguro que dentro de unos pocos años la ciudad mejora necesariamente (sólo por criticar: yo eché en falta la presencia de algún proyecto emblemático pero mi juicio quizá sea un poco temerario tras una visita de dos días a la ciudad).

Pues como os decía, el meeting de Aintree consta de tres días de carreras de caballos en que compite lo mejor de dicha especialidad siendo la prueba más esperada el Grand National a celebrar el primer sábado de abril desde 1839 (por tanto, ya ha llovido; nuestra prueba más importante, las idi probak de Abadiño se empiezan a documentar en 1876, así que nos llevan un poquito de ventaja, tampoco mucha, pero ventaja al fin y al cabo). La ciudad en pleno se traslada al hipódromo, todo el mundo engalanado con las mejores ropas de su vestuario: ellos todos con americana y corbata (eso sí, de gusto y pelaje variados) y ellas con vestidos de fiesta a cuál más atrevido y con escotes vertiginosos ( de ahí la importancia de los 3º C, el frío era intenso pero ellas, a lucir palmito, les daba igual) y tocadas con los más diversos adminículos en la cabeza ( es difícil llamar sombrero a lo que algunas llevaban en la cabeza) para disfrutar del día de carreras que básicamente consiste en dichas carreras pero alrededor de ellas se monta una cantidad enorme de conciertos y espectáculos varios, todo ello aderezado con cantidades espectaculares de comida y bebida ( lo que vivimos en Liverpool es beber y lo demás son tonterías: estoy seguro de que se batió el récord mundial de bebida de cerveza, qué barbaridad, nunca he visto tantos borrachos juntos, ni siquiera en la Aste Nagusia (Semana Grande en euskera) de Bilbao y eso que he visto muchos.)

Tras varias carreras para calentar el ambiente llega la hora de la gran carrera: el talde Arondo se traslada al “paddock” a estudiar la carrera con el “racecard” (libro de carreras en inglés, 3 libras del ala costaba el susodicho librito pero hay que comprarlo si quieres enterarte de qué va el tema): la estampa de todos los caballos es bellísima pero nos fijamos en uno principalmente: tordo, musculoso, afilado, pelaje brillante luce el nº 27 y se llama “King`s John Castle” (Castillo del Rey Juan, que nos parece un gran nombre para un caballo) y el “racecard” nos dice que el último mes ha ganado una preparatoria, que está en forma y que puede ser un “outsider” (segundón en inglés, ya veis que aquí somos políglotas) peligroso, por lo que decidimos apostarle, los miembros del talde discutimos sobre la conveniencia de apostar 5 ó 10 libras saliendo al final vencedora la opción más conservadora y decidimos de igual modo que mejor jugarle a colocado que a ganador ya que figura en la undécima posición entre los favoritos (corren 40 caballos) y tras esto nos dirigimos a nuestra localidad en el hipódromo ( más bien cutrilla, pero es que por 35 libras en Inglaterra te dan justo, justo los buenos días) a disfrutar del espectáculo: nuestro caballo sale un poco frío en el furgón de cola pero a medida que avanza la carrera entre los que se caen y los que pagan el esfuerzo va escalando posiciones hasta situarse en el pelotón de cabeza y ahí continua hasta que los 7200 metros de la carrera están cercanos a consumirse: el grupo puntero va perdiendo posiciones pero nuestro tordo ahí sigue; los caballos encaran la recta final y ahí viene el nº 27 como un tiro colándose en segundo lugar tras el unánime favorito “Comply or die”; alegrón en el talde Arondo ya que hemos ido a Inglaterra, hemos estudiado la carrera que nos convenía y hemos clavado el resultado: 5 libras colocado al nº 27; total 23 libras que nos ganamos (que tampoco dio para mucho, porque estoy seguro de que cualquier día de éstos en Inglaterra van a empezar a cobrar por respirar).

El fiestón toca a su fin, los bookmakers (los corredores de apuestas que se hinchan a ganar dinero en esta carrera, aunque he de decir que no son apuestas mutuas como las quinielas, la lotería ó los artekaris (corredor de apuestas en euskera) en las idi probak en los cuáles la banca siempre gana;sino que en este sistema de apuesta tú juegas directamente contra el “bookie” (corredor de apuestas en inglés), por tanto él también arriesga lo que la convierte en una apuesta mucho más atractiva ya que da mayores dividendos al no existir la figura de la banca) recogen sus aperos ( unas maravillosas tablas electrónicas dónde ofrecen en todo momento la cotización de cada caballo), los servicios de limpieza recogen las toneladas de basura desperdigadas por el recinto, se acaban los espectáculos y el público se va a la ciudad a seguir la fiesta hasta que el cuerpo aguante (y que nunca será más allá de las 3 de la madrugada como bien se indica en los carteles colocados por el ayuntamiento en las zonas de ocio de la ciudad, lo cual tampoco está mal porque el inglés medio para esas horas ya se ha trincado una docena de pintas de cerveza, y cada pinta tiene un poco más de medio litro, por lo cual por más inglés que sea no puede dar mucho más de sí). Y como nosotros somos obedientes, también nos vamos a la ciudad a disfrutar de nuestras 23 libras ganadas en buena lid.

Al llegar a la ciudad se nos quedan los ojos como platos ya que toda la ciudad es una continuación de lo que ya hemos visto en el hipódromo (yo creo que los únicos que no vestíamos de gala en Liverpool ese días fuimos los miembros de Arondo, que tampoco íbamos tan mal, pero nada que ver con fiesta de tan alto rango): señores con gomina y trajes estupendos y señoras divinas enseñando lo mejor de cada una; hasta en los restaurantes nos sirven un menú “Grand National” ( eso sí, no creo que los ingleses ganen nunca un premio de gastronomía, comen para llenar el buche, no le dan mayor importancia a la cocina, por el momento).


Tras cenar continuamos el jolgorio por el Albert Dock en cuyos locales (dónde comprobamos que nuestro inglés no es tan malo como creíamos aunque tampoco sea nada del otro mundo) reina la animación y la fiesta y todo eso bajo la pertinaz lluvia que ha empezado a caer (de las txatis por supuesto, ni una sola en Liverpool pensó en ponerse algo que se pareciera a una ropa de abrigo, tocaba lucir pechuga aunque la siguiente semana estuviesen todas de baja con pulmonía, pero qué más da…) y que se convertirá en nieve en nuestra vuelta de madrugada a Londres, la capital del imperio británico, distante a poco más de dos horas de Liverpool por unas magníficas autopistas, además llevábamos un Audi A8 4.0 TDI de 275 CV que más se parecía a un transatlántico de lujo que a un coche de alquiler ( mejor no digo la cifra del alquiler por si acaso me da una lipotimia.) que nos trasladó a nuestro hotel sin el más mínimo percance y eso a pesar de hacer todo el viaje por la izquierda.

(Nota del autor: en Londres hacía 10 años que no nevaba y nosotros tuvimos ocasión de ver cómo lo hacía y para que el día fuera completo también participamos en la protesta contra la antorcha olímpica en Londres ya que nos pilló todo el revuelo enfrente de la puerta del British Museum con los manifestantes en un extremo y los policías en el otro mientras nosotros veíamos cómo se zurraban, pero bueno, esto es parte de otra historia, que quizá algún día cuente…)

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